Gustav Mahler

No hay más que una educación y es el ejemplo.

martes, 21 de marzo de 2017

La educación en Esparta

Nada más nacer, un grupo de ancianos examinaba al niño para verificar que estaba en forma y que era fuerte y bello. Si no era así, se les arrojaba por el monte Taigeto. Si se le permitía vivir, se le criaba sin las menores muestras de mimos o cariños. Se les acostumbraba a estar solos y a la oscuridad.


A los 7 años abandonaban el hogar familiar y se iban a vivir a unos barracones militares donde comenzaban su instrucción. Aprendían a leer y a escribir (lo justo, según Plutarco), y también a cantar, aunque todo se centraba en el atletismo, la lucha, el manejo de las armas y sobretodo a obedecer. Los niños iban siempre desnudos y sucios, pues no se les permitía bañarse. Se les alimentaba con lo justo, con lo cual se les dejaba con hambre y se les animaba a robar comida. Si eran sorprendidos, les castigaban no por robar, sino por haber sido torpes y dejarse pillar. Tenían que fabricarse las camas ellos mismos con cañas y sólo con sus manos. Todos los ciudadanos estaban autorizados a vigilar por la correcta educación de los niños: podían castigarles, reñirles, azotarles…