Gustav Mahler

No hay más que una educación y es el ejemplo.

martes, 10 de enero de 2017

Hiroshima

El 6 de agosto de 1945, recibiendo órdenes del presidente Truman, se lanzó por primera vez en la historia una bomba atómica. Los habitantes de la ciudad estaban confiados. De hecho habían visto infinidad de veces sobrevolar sobre sus cabezas los aviones norteamericanos y se habían acostumbrado a ello. Nunca habían sido atacados. 
El resultado: decenas de miles de muertos, de forma directa o indirecta por onda expansiva, radiación, enfermedades derivadas como leucemia o cáncer, etc.
Como Japón no se rindió inmediatamente, a los pocos días se lanzó otra bomba sobre Nagasaki.

“Hiroshima tenía 250.000 habitantes. En los primeros dos minutos murieron alrededor de 60.000 hombres, mujeres y niños; otros 100.000 resultaron heridos. La mayor parte se desintegraron por la bola de fuego, y el resto murió debido a la presión y a los vientos de fuego, además de los derrumbes. En un segundo la temperatura subió a 3000 grados centígrados. Se calcula que el total de victimas fue de 200.000 personas (…) En el curso de las semanas siguientes los supervivientes notaron la aparición de pecas en la piel -en realidad, centenares de pequeñas llagas- a las que se sumaron vómitos, fiebre y sed. Los glóbulos blancos se redujeron, mientras comenzaban las hemorragias intestinales, la diarrea y la pérdida de cabello. Los hombres supervivientes se volvían estériles y las mujeres sufrieron alteraciones en su ciclo menstrual. El cáncer, la ceguera, la leucemia y las malformaciones en los descendientes fueron moneda común (...)". El País, 7 de agosto de 1983. 


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